Bienvenida al segundo mes de nuestro viaje. Dejamos atrás el diagnóstico y ahora entramos en el desierto. Y el desierto, como veremos, no es un lugar de abandono; es un lugar de intervención divina.
Dios habla de poner obstáculos en el camino de Israel, de levantar muros que impidan el avance hacia los «amantes». Suena extraño, ¿verdad? ¿Un Dios amoroso que pone espinas?
El Amor que Bloquea
Cuando Dios cierra una puerta que tú desesperadamente querías cruzar, cuando una relación que no te conviene se cae sola, cuando ese plan que construiste con tanta ilusión se derrumba sin explicación aparente —eso pueden ser espinas de amor. No todas las puertas cerradas son fracasos. Algunas son la mano de Dios protegiéndote de destinos que parecen brillantes por fuera pero que te alejarían de Él. El bloqueo divino no es abandono; es pastoreo.
Cuando la Dificultad nos Hace Volver
Al final del versículo 7, Israel dice: «Iré y me volveré a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora». La consecuencia y el bloqueo cumplieron su propósito: produjeron añoranza por lo que se había perdido. A veces el desierto es la forma más misericordiosa que tiene Dios de traernos de regreso.
Señor, hoy agradezco incluso las puertas cerradas. Confío en que cada espina en mi camino es parte de Tu plan para devolverme a Ti. Dame ojos para ver Tu amor en los bloqueos y Tu gracia en los obstáculos. Amén.
- ¿Qué puerta cerrada en tu vida podría ser la mano de Dios protegiéndote?
- ¿Has considerado que la dificultad que estás viviendo es una invitación de Dios para volver a Él?
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